Saturday, September 25, 2004

Juan y Fabiola de vuelta

Hace unos días llegaron Juan y Fabiola, dos de mis mejores amigos a México. Léase este primer párrafo a manera de resumen. Pasaron 7 años fuera del país: sus 7 años de matrimonio. Durante este tiempo él estudió una maestría y ella terminó su carrera. Después trabajaron unos años en NY. Hubo visitas varias y recíprocas. Entre otras pudimos ir juntos a ver todo el Anillo del Nibelungo al MET en una semana muy intensa. Además de México, los Sadurní pudieron visitar algunos otros países en suertudos viajes que se echaron en los pasaportes. Sin embargo, antes de llegar a México, pasaron por más de 30 países en un viaje de 7 meses, ese detalle tampoco puede pasar desapercibido en este post (aunque no es, ni de broma, el tema del mismo). Sí, todos podemos caer en la tentación de juntar tanto 7 y restar 111. Está bien, si tienes esa obsesión, venga: tienes todo el derecho de jugar con lo que tú gustes. Pero mejor, entremos en materia.

Llegaron y reflexiono sobre la ausencia de unos amigos y la experiencia de tenerlos cerca, aquí, a todas horas. Sin duda, todo ser humano relativamente inteligente aprende a adaptarse a cualquier pérdida. Finalmente hace 7 años todos sufrimos de ellos. En un sentido, perdíamos a unos amigos. Claro que no se tome literal, por favor. No se pierde en todos los sentidos, pero sí en el sentido de la convivencia diaria o quasidiaria, en ver crecer y vencer obstáculos a tus amigos y estar ahí por si algún hombro se requiere. Y verdad es que la amistad se cultiva con la convivencia, sin duda alguna. Algo más, aprendí que yo soy un amigo muy distante en la distancia: no escribo con frecuencia. De hecho, escribo ridículamente poco.

Juan y Fabiola, como buenos amigos, entendieron esa parte de mí y eso, por supuesto que se los agradezco mucho. Hace 7 años (y un mes) se casaban y Juan era muy adelantado en ese terreno que el resto de nosotros. Ahora, ellos siguen sin hijos: han sabido disfrutar su pareja envidiablemente. Sin embargo, muchos de nosotros además de casados ya somos padres. Ellos están en proceso de mejorar su actitud ante esa realidad. Están en proceso de comprender que la vida pasa y que las etapas que nos hacen ser quienes somos pasan y más vale aprovecharlas en su momento lo más y mejor posible, para aprender lo que está ahí dispuesto a ser asimilado, a ser parte de uno mismo. Y entre esas etapas está la de que sus amigos son padres y aman a sus hijos. Ahora bien, está claro que vamos a platicar mucho de cómo es que uno termina amando a sus propios hijos. De hecho, ese tema será materia de otro post, pero sobretodo de conversaciones, que las anticipo, muy interesantes con mis amigos.

Regresan y la verdad que uno no lo cree o por lo menos uno tarda en darse cuenta de las consecuencias que eso significa. Hoy es sábado, ya entró la nochecita y sé que ellos están aquí. Casi siento que es fantasmagórico creer que tendremos el tiempo de cenar y pasar mucho tiempo juntos esta o cualquier otra noche. Durante 7 años los encuentros se sabían casi únicos en esa visita. Uno se acostumbra. Y quizá yo sea quien más lo pueda sentir de todos los amigos que Juan y Fabiola quieren más. ¿Por qué? Pues porque por mucho, y a diferencia de todos los demás amigos muy queridos de ellos, la mayor parte del tiempo en que hemos sido amigos ha sido en este mood de visitas express, de vacaciones volando.

Claro que ahora viene un periodo de aprender a compartir mucho nuestro tiempo y eso me emociona. Cuando un par de amigos regresan, sabes que no eres el mismo. No se es el mismo, más allá de la parte sentimental, que no negamos que importa muchísimo (uno está contento de pronto no más así, porque hay una realidad ahí que te pone de buenas, en medio del tráfico o de lo que sea), porque uno, como diría Borges, está hecho de tiempo. Y cuando amigos están ahora disponibles para compartir con uno, pues sabemos que nuestro tiempo, que es la vida, será distribuido de forma diferente. Sabemos que nos vamos a nutrir mutuamente, que vamos a reír mutuamente y que nos vamos a re-conocer mutuamente. Ese periodo de re-conocimiento creo que es de las más emocionantes. Claramente uno tiene expectativas de cómo esos amigos han crecido y tienes ganas de disfrutar eso, porque quizá estuviste lejos cuando tus amigos fueron dando esos "estirones". Y lo mismo, uno se siente más grande, más fuerte, más ser humano y quiere ofrecerle esos "bienes" a los que más quieres, a estos amigos que regresan y cambian en algún porcentaje importante tu horizonte.

Y si no ha quedado claro, lo que este texto ha querido decir en cada una de sus sílabas es que les damos la bienvenida en el corazón y en el espacio a Juan y a Fabiola, que se queden mucho tiempo por aquí y que quiero que reciban un abrazo que por lo menos dure 7 días seguidos para comunicar no con palabras todo el gusto que nos da que estén por aquí de vuelta y lo mucho que los queremos.

5 comments:

Raul said...

Siempre he sabido que eres grande Gus, tienes la moderna capacidad de transformar lo que sentimos este grupo por estos locos viajeros en este sistema con bases de datos.

Realmente este texto tuvo la fortuna de aclararme ese proceso de reconocer y ser reconocidos por J&F, que me alivia, mas que un una ola que nos puede derrivar, se convierte en una aventura. Esta aventura necesita compromiso de todos pero eso si nos puede hacer acordarnos hasta de quienes somos realmente.

Eso si esta Alegria esta escrita por lo tanto el tiempo no la borrara.

José Luis Romero said...

Recnozco y aprecio tu sensibilidad para valorar este tipo de acontecimientos en tu vida. Un post hermoso y honesto. Aun cuando no conozco a Juan y a Fabiola, si te conozco a ti y te felicito por la alegría.

Juan said...

Todavía no estamos desempacados; a decir verdad, todavía no nos hemos mudado a lo que será nuestra nueva casa. Sin embargo, ya sentimos que estamos en nuestro hogar.
Sin duda hemos gozado de un recibimiento caluroso. Éste tomó lugar en medio de varios de los fantasmas a los que más temíamos: tráfico, contaminación, desorden y caos generalizado que parecen reinar en la Ciudad de México.
Efectivamente pasamos un poco más de siete años fuera. Aún y cuando sabíamos que eventualmente íbamos a volver, las oportunidades, perspectivas y nuevos horizontes hacían que el plazo para hacerlo se fuera postergando poco a poco. En un momento dado, sentimos que la decisión de regresar era impostergable, de otra forma, jamás lo íbamos a hacer. Más aún, después de tanto tiempo fuera, decidimos concluir nuestra estadía extranjera con un largo viaje. Una vez más, las oportunidades, perspectivas y nuevos horizontes plantean nuevas interrogantes sobre el regreso y, en una medida que todavía no hemos digerido, nos hacen sentir, aún más que nunca, extranjeros. En esta ocasión es en nuestra propia tierra.
Durante la cena de bienvenida, le hicimos una confesión a todos los presentes: a lo largo de siete años viviendo fuera, y específicamente a lo largo de siete meses viajando continuamente, no hubo un sólo día en el que no estuvieran presentes uno o muchos de los presentes (o algunos de los notorios ausentes). Esta confesión la reiteramos y ampliamos en este texto con una simple palabra: GRACIAS. Trillada y abusada, pero sentida desde el corazón. Resulta imposible expresar con precisión lo que sentimos por nuestros amigos. Es grande la tentación por utilizar clichés y citar sin ton ni son aquélla gama de frases prefabricadas. Así que por ahora habrá que evitarlas?
Pero no podemos concluir esta breve reflexión sin decirles a todos que el agradecimiento arriba expresado viene de dentro y que en cada momento de ese largo abrazo de bienvenida se manifiesta más y más. Gracias en el más amplio de los sentidos. Por las muestras de cariño, gracias. Por el humor y el goce de tantas pláticas compartidas, habidas y por haber, la gracia. Por lo bello del arte y lo bello de esos momentos juntos, gracia. Por esa conexión de nuestras mentes y nuestras ideas, gracias. Por todo ese conjunto de lecciones, en algunas ocasiones duras, en la mayoría no, gracia y gracias.
Pero sobre todo, gracias por ese tiempo que habremos de pasar juntos, por esos momentos que nos habrán de transformar, por esa perspectiva de las cosas chicas y grandes que habremos de ganar interactuando cotidianamente. Por el simple hecho de que seremos en algún tiempo personas diferentes a las que ahora somos, sólo que más cerca de nuestros amigos? gracias.
Y gracias, Gustavo, por la distinción de regalarnos este espacio.
Juan y Fabiola Sadurní

También lo pueden leer en:
http://jsadurni.blogspot.com/2004/10/muy-querido-gustavo.html

JorgeJ said...

Finalmente anoche después de casi dos semanas de llegados, las muchas causas externas por fin nos permitieron a Caro y a mí encontrarnos con nuestros entrañables hermanos. Para fortuna, ni los siete años ni los prolongados periodos sin vernos (y a veces sin comunicarnos) han podido cambiar los lazos y los vínculos firmemente construidos por muchos otros tantos años más. Me sentí muy feliz de encontrar a mis mismos amigos - más viajados, más crecidos, más ilustrados, más flacos, lo que sea - pero finalmente los mismos.
Como les dije ayer, y como Gustavo comenta, las circunstancias desde que se fueron de aquí han cambiado bastante: los demás nos casamos, varios tenemos ya hijos (que desde luego cambian la vida por completo), en fin, somos diferentes, pero a la vez e igual que ustedes, Juan y Fabiola, somos los mismos de siempre. Sé que no tendremos ningún problema en reencontrarnos bajo esas nuevas circunstancias, aun cuando impliquen en algunas ocasiones sustituir una plática nocturna acompañados de una copa, por una fiesta infantil de quienes, al igual que nosotros, los van a querer con mucho afecto.

Nos da mucho gusto recibirlos, y esperamos poder contribuir a que se sientan de nuevo en casa muy pronto, sobre todo porque sé que aunque sea mínimamente, jugamos algún papel dentro de los factores que los llevaron a decidir volver aquí a su casa. Desde luego sabemos, como ustedes también lo saben, que vivirán momentos de ajuste, algunos complicados, pero también sabemos, como ustedes, que el resultado de la ecuación será positivo.

Qué gusto pues, este primer re-encuentro, y esta oportunidad que tenemos de seguir disfrutando una amistad que constituye una parte TAN importante de nuestras vidas.

Bienvenidos a casa, y aun cuando pueda sonar trillado, no duden en buscar apoyo en nosotros en esos ajustes que vayan encontrando.


Con cariño,

Jorge

Anonymous said...

Bonjorno, gmunoz.blogspot.com!
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